Una de cal y una de arena

Salimos, de fiesta, a Costa Breve. La noche no prometía mucho, eran las cuatro y media y, si, habíamos conseguido un correo eléctronico, pero seguíamos los tres solos y mira que de tías había un montón, por todos lados corrían.

Un amigo me dice: “Oye, la chica esa de las gafas me gusta”. Le contesto: “¿Quieres que te la presente?”. Venga.

Pues me acerco, voy directamente a la chica interesada, se llama Ana y parece muy simpática, las otras dos no recuerdo ni su nombre, era sosas y feas, es que no tenían ningún atractivo. Así que le digo a Ana, mira que te presento a unos amigos. ¿Porqué no venís? Mejor que vengan ellos.

Traigo a mis amigos, hago las presentaciones, ya me empezó a sonar raro cuando una de ella mira a mis amigos, gira la cara y no les da ni los dos besos de rigor. Entonces sucede lo indeseable, el largo instante de silecio. Ana se acerca a mí y me digo, vaya, ya he triunfado, esta noche hay tema, me va a decir que vayamos a su casa que esta aquí al lado; me dice: “mira david, sabes qué, que preferimos estar solas”.

Llegados a ese punto solo que quedó descojonarme de la risa.

~ por davidnez en 4 Enero, 2008.

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