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Luna

Quizás la caída temprana de la mañana quiera ver caer una de mis lágrimas. Para luego contárseloa las demás y entre todas disfrutar de mi desgracia.
La risa falsa de la mañana burla la noche con luz propia. La luz oscura de la soberbia noche da sentido a la mañana, que aparece y desaparece pero nunca muere. La mañana puede ver aquello que oculta la noche… y se ríe, se ríe de dicha desgracia. La pobre noche no disfruta de poder ver, pero en realidad es la mañana quien, ciega, se engaña.
Pero quien soy yo para criticar la mañana que sonríe al verme llorar y nunca goza de mi felicidad. Porque es la noche quien me hace feliz, es la noche quien me hace reír.
Ambas son contrarias; y a la vez conforman la misma realidad. La noche empieza cuando termina la mañana, y viceversa. Pero, ¿quién sería capaz de designar su inicio y fin?
Quizás sea el Sol que, con sus rayos, marca la diferencia, o la Luna que siempre vence al Sol, o ambos o ninguno. Quizás son el paso de las horas quienes oscurecen la mañana para dar paso a la noche, pero, si es así, ¿cómo es que volvemos nuevamente a la mañana después de la noche?
Quizás, quizás, quizás,… todo son suposiciones.
Quizás sea yo el verdadero causante de tal realidad.
No puedes evitarlo.
Una fuerza conspira con el demonio y pretende tomar el mundo, pero en realidad nunca conseguirá el cielo; forma parte de todos.
La dimensión del cielo es como un inmenso mar sin peces, pero lleno de sueños. Unos sueños que habitualmente hablan e, incluso, a veces gritan, pero lo más increíble es cuando los propios sueños se emocionan de sí mismos y lloran.
El cielo esta confundido por un juego de luces que hace brillar o esconder sus estrellas. Poderosa luz que se deja ver por las noches. Porque es la noche quien llama a la Luna para que aparezca en su cielo. La astuta noche quiere ver reflejada la belleza de la Luna en su propio cuerpo, para ser la más bella.
El frío se hace amo de las calles que, vacías de seres, se preguntan la hora con indignación. El tiempo pasa en vano y nadie da fe del paso de las horas. Parece como si el frío pudiese llegar a congelar las cosas y a detener su propio ritmo de vida.
Pero una luz atenúa la lujuriosa noche y acto seguido señala el crimen. Es la llamada del nuevo día que quiere ver florecer el Sol. La resignada mañana debe conformarse con una luz que hace esconder las estrellas. Las bellas estrellas, atemorizadas, abandonan el cielo y se esconden en la noche, que las mima y las quiere como la madre al hijo.
La fuerza del Sol trae de vuelta a la realidad a todos los seres. El día ha pedido empezar,…dejemos los sueños para la noche. Ahora empieza la realidad.
El día despierta con la bestia que lleva dentro. Feroz perro que ladra y espanta al débil gato que, en la noche, se resguarda. Y quedará escondido hasta que la Luna vuelva a radiar en el cielo de nuevo. El Sol enseña sus colmillos y despierta del sueño a los mortales. El día ha empezado y, con ello, la lucha.
La violencia contempla la lánguida lucha entre los mortales. Los cuales, dominados, se dejan llevar por ella. Incomprendido comportamiento que, vacío de sentimiento, quema sus propios corazones.
Borrachos de odio, siguen bebiendo de la misma fuente. Descontrolados por la bebida, alcanzan el frívolo dolor y sus manos, manchadas de sangre, dañan sus propios corazones. Nadie les prohibe beber aunque, cautos, procuran no hacerlo. Sólo los más débiles emborrachan sus sentimientos y, a la vez, hacen crecer la llama que llevan dentro.
La violencia, causante de todo este dolor, queda libre de pecado. Ella tan sólo ha dado de beber a unos sedientos animales.
Y cuando la noche sobreponga la mañana el feroz perro se convertirá en el débil gato al que le gusta soñar que la realidad es sólo un sueño.
Los más sabios dicen que la noche es oscura y tenebrosa. También afirman que las estrellas, la cosa más bella jamás vista por mis ojos, no son las hijas de la Luna. Y la causa de que sólo brillen por la noche no es amor de madre.
¿Qué sabrán ellos? ¿Cómo tan seguros estarán de ello?
Me duele que la gente hable mal de aquello que yo admiro. Cada día de mi vida la he visto, siempre ha estado junto a mí. Ya sea en los momentos malos o en los buenos, porque ella me da vida con su luz inmortal cuando me ilumina. Y el día que deje de mirarme, yo dejaré de mirar a los demás.
Es débil y frágil como la dama que te espera en la torre del castillo. Es tierna como el pan recién hecho. Y su belleza tan sólo puede ser a causa de un deseo de dioses.
Es por eso que no entiendo como ese ser mortal se atreve a hablar mal de ella.
Mi bella princesa,
no hagas caso de las malas lenguas.
La envidia es corrosiva y,
aún más, entre mortales.
No dejes de ser bella nunca,
porque matarías a un loco enamorado.
La Luna cambia constantemente de forma pero sigue siendo bella. Porque no es su forma la que define su belleza sino sus ojos, que te miran mientras la observas.
Los días en los que la Luna no ha querido aparecer, me entristezco y pienso en mis errores. Pienso que la Luna ha querido castigarme por haber hecho algo malo. Pero siempre tengo el deseo de volver a verla al día siguiente. No sé por qué, pero ella siempre me perdona y me deja disfrutar de su belleza. Aunque sólo sea una vez más.
Mi madre, mi amor, mi deseo; lo es todo para mí. Sólo deseo que el día que te mueras te me lleves contigo, porque no podría soportar estar un día entero sin poder ver las chispeantes hijas de Luna iluminadas bajo el corazón ardiente de su madre.
Mi Luna, tú eres mi vida. Porque la vida sólo tiene sentido mientras transcurre la noche. El día está lleno de ruido y tristeza, la gente se pelea sin sentido, es avariciosa y siempre pega al más débil. Me duele ver a la gente sufrir por los demás y me pregunto: ¿por qué han de ser ellos y no yo? Yo ya tengo mi Luna y con eso lo tengo todo.
Y ahora que la noche cubre su cuerpo de luces me siento feliz, aunque mañana mi sonrisa llorará de nuevo.

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