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“Tienes que ser feliz a tu manera”. Es una frase que me ha dicho un hombre. Un hombre con pocos estudios. Madrileño. Yo soy de Barcelona y no parecía que íbamos a coincidir en ciertas cosas. Pero en cosas sencillas siempre coincides. Y, al repetirme la frase, me vienen a la cabeza muchas canciones. Todas nos repiten las mismas frases. Que parece que a veces se nos olvidan. Y una simple charla lo deja todo claro de nuevo.

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¿Y cómo se es feliz a mi manera? ¿Cuál es mi manera? Mi manera es cómo vivo la vida. Cómo la siento. Cómo la escucho. Cómo la proyecto. Cómo me ven los demás y me tratan. Cómo la miro. Son muchas sensaciones que deben ser ordenadas. Mi manera varia en función del día, del momento. Pero cuando más disfruto la vida es cuando más la siento. Soy una persona sentida, que le vamos a hacer. Con sus cosas malas y buenas. Vivir intensamente. Pero me afectan mucho las cosas. También soy inflexible. Hasta llegar a puntos de irracionalidad. Mi manera de ver las cosas creo que siempre es la mejor. Y eso me lleva muchos problemas. Porque siempre te encuentras algún cabezota más cabezota que tú. Estoy aprendiendo a evitar estos conflictos, a ser agradecido. Aunque cueste. A ser uno mismo aunque cueste. Sabiendo que yo mismo voy cambiando. Cada día doy un pasito. Un pasito en falso hasta sentir el pasito. Escucharme y ver si ese pasito me gusta sentirlo. Si ese camino no me gusta, doy media vuelta y vuelvo al paso anterior.

 
¿Y por qué doy pequeños pasitos? ¿Por qué no doy saltos? Es como el cuento de las migajas de pan. Para conocer el camino. Para saber volver cuando quiera. ¿Me pierdo muchas cosas? Me las perdería si no disfrutara del momento. Si este andar no me gustara. Ir rápido me produce vértigo. Me desoriento. Me pierdo y dejo de ser yo mismo. Sentir la vida. La vida la siento en la lentitud. En notar como respiro. En ser consciente que estoy mirando. En pensar que estoy pensando. Allí me encuentro. Y voy a ese camino cuando estoy perdido. Más tarde todo fluye. Te encuentras divirtiéndote. Te ves riendo. Siempre hay que mirar lejos, pero saber volver. Si no miras lejos te perderás muchas cosas. Si no sabes volver te perderás a ti mismo. Escuchar la vida. Siempre hay algo a tu alrededor. Que puede molestarte. Que puede agradarte. Pero también se escucha la vida notándola con las manos o los pies o la nariz. Se escucha con tu carraspeo donde reclamas tu sitio en el mundo. Se escucha al mirar. Al ver las cosas en sus proporciones. En su disposición. En la aleatoriedad del mundo. En saber que cuanto más sepamos, menos sabremos. Por qué cogeremos consciencia del mundo en que vivimos. Un mundo en contínuo cambio. Donde no es fácil sobrevivir. Y vivir la vida sobreviviendo es un coñazo.

 
Mi espacio. Mi pequeño espacio. No es un lugar. No es un sitio físico. Es un momento. Momentos del día donde hago lo que me plazca. Ya sea en el trabajo, en la calle o en casa. Es como sentir “ahora no estoy para nadie, ahora estoy para mí”. Todo el mundo tiene su momento. O eso creo. Eso espero. Ese momento no tiene porque ser en solitud. Pueden ser momentos en compañía. Esos son los mejores. Pero buena compañía. También hay gente que se cansó de buscar compañía y vive solo momentos en solitud. No intentéis cambiarlos. Un día cambiarán ellos mismos.

 
Buscad gente como vosotros. No todo el mundo esta preparado para conoceros. No todo el mundo está dispuesto a hacer el esfuerzo. De hecho no es todo el mundo. De hecho son pocos. Pocos son y muchas las opciones. Probad. Tambalearos. Y acertad.

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