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Todos sabemos lo que es un ángulo agudo y un ángulo obtuso. Pero haré un recordatorio para poder seguir hablando del tema.

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Los ángulos agudos, en matemáticas, son los que van de cero a noventa grados. Excluidos ambos. Los ángulos obtusos son los que van de noventa a ciento ochenta grados. Igualmente excluidos. Un ángulo agudo tiene más ímpetu, más fuerza de arranque. Pues tiende a ser un ángulo obtuso. En cambio, el obtuso es un ángulo experimentado, veterano, que disfruta de poder ser obtuso. Aunque, sin él saberlo, volverá a ser agudo. En una segunda vida. En un segundo ciclo. Pues pasados los ciento ochenta grados, el ángulo vuelve a ser agudo.

 
El cambio de agudo a obtuso es cíclico. Siempre y cuando tomemos como premisa que los ángulos tienden a crecer. Tienden a aumentar en unidad. En este caso los grados.

 
Quería hacer el paralelismo del concepto matemático ángulo con su hermano gemelo el acento de las palabras escritas. En el castellano, tan solo existen los acentos agudos. Menudo aburrimiento. Pero si nos ponemos a hablar del catalán encontramos mucho más enriquecimiento matemático en las lecturas. Pongamos un ejemplo.

 
En catalán existen palabras acentuadas agudas y palabras acentuadas obtusas. Pero la verdadera gracia es encontrar una palabra, con unas mismas letras, que pueda ser acentuada en ambas direcciones. Por ejemplo, tenemos la palabra “més” y la palabra “mes”. La primera significa más y las segunda mes. Si nos damos cuenta el acento agudo prevalece sobre el obtuso. Y este se pierde. El acento veterano cede el puesto al acento joven y vital. Así que no encontraréis ninguna palabra que tenga acento agudo y, con otro significado, tenga acento obtuso.

 
En castellano, en cambio, los acentos obtusos son eliminados. No permitidos. Excluidos. Eso dice mucho de la gente castellana parlante. Hablar en este idioma sin acentos obtusos les hace ser gente muy vital y fuerte. Pero de poca reflexión y comprensión. Prima la energía del agudo, en detrimento del baile del obtuso. De su desatino. De su poca fuerza.

 
Con eso me doy cuenta que la escritura tiene su dignidad. Y, gracias a estos pequeños detalles, generan energía al ser leída y hablada. Llego a la conclusión que, como más idiomas uno hable y entienda, más formas de energía sabrá generar. Seguiré investigando.

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