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Volver donde empezó todo suscita emociones olvidadas. También surgen nostalgias de un presente próximo, próximo pero pasado ya. Son una mezcla de emociones difíciles de contar y de ordenar. Se entremezclan y nos alteran el espíritu. reencuentroEl reencuentro tuvo su sorpresa. Hubo novedades, aunque la base sigue siendo la misma. Mismos problemas, mismas discusiones, misma gente. Es como volver del futuro con un Delorian y que todo el mundo siga mirándote como entonces. Pero algo dentro de mí me dice que he cambiado.

 

No de estatura ni tamaño. No de complicidad ni agrado. No la mirada ni su amparo. Pero sí el prisma con que miro. Más que afortunado me siento por haber vivido lo vivido. Aunque lastimado me siento por no ser lo mismo ahora. Por volver al pasado.

 

Mi atrevimiento me dice que debo arriesgarme. Que lo visto ya está visto. Que el mundo es enorme. Y que sólo somos una persona, pero eso es lo que tenemos. Y, además, una vida tenemos. Sólo una. Volar, con la boca pequeña, es la consigna. Deben pasar minutos, horas y días. Y que el grito sea más fuerte. Y el deseo más presente.

 

La suerte me sonreirá, el brillo del sol me mirará y una dama me besará. Y la sorpresa del beso será otro reencuentro, un reencuentro lleno de ilusión, lleno de cariño y emoción. Que me hará volar una vez más.

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