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La Navidad es época de reecuentros, con familiares, con amigos. Personas que te vieron crecer y ocupan esas fechas cada año. Verlas es una alegría, saber que crecen contigo y pasan también frío en invierno.

2008-12-23_21-16_nacimientoEl resto del año ocupas tu tiempo con otras cosas y dejas en el olvido unos encuentros que vuelven año tras año. La melodía esta llena de vida, la armonía sigue el mismo ritmo. En todas las mesas hay manjares y bebidas exóticas, que habremos probado o serán nuevas para nosotros, pero siempre nos sorprenderán.

 

Suele haber el despistado, el atento, el que interrumpe, el que observa, el dormido. El repetitivo, que año tras año te cuenta las mismas cosas. El alocado, que para él es su momento del año. El callado, que suele ser el observador y podría narrar el encuentro si tuviera papel y lápiz.

 

Son ellos nuestra Navidad, la parte de la Navidad que se repite cada año. Citas de obligado cumplimiento si lo queremos ver así. Citas que hemos visto con otros ojos, vemos diferentes ahora y veremos en otra forma y textura más adelante.

 

A algunos les sabe mal la falta de sorpresa, otros la piden con urgencia. Otros más ancianos no buscan sorpresas y sólo ir pasando Navidades. Y yo, joven y maduro, lo veo como una mezcla de aves en su nido. Con las alas abiertas, con las patitas en el borde del precipicio, esperando el momento oportuno para dar el salto. Y volar a lo desconocido y ver a lo lejos el nido que aplaude mi vuelo. Y me hacen fotos y las revelan. Y se dicen unos a otros viste que alas, viste que vuelo.

 

Y pasado el salto, ellos seguirán con sus citas de obligado cumplimiento. Y el callado seguirá callado narrando cada noche sus historias, el alocado seguirá esperando ese día tan esperado y el repetitivo seguirá contando las mismas cosas.

 

Mientras tanto, yo estaré viviendo mi momento. Lejos o cerca de aquí. Donde me lleve la música del instante, hacia donde sople el viento, hacia donde haga más calor y haya más cariño. Donde me quieran estaré y donde me quieran ver cada día y cada noche. Y si se termina la sorpresa, viajaré a otra posada. Y escucharé su nueva melodía y, paso a paso, me haré nómada del tiempo, nómada de mi tiempo.

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