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Siete años dan para mucho y más si se viven para adentro. Cuando esos siete años no los echas de menos ni te arrepientes de nada. Cuando eres feliz de haber sido y de ser, te llenas de entusiasmo.

1212834442685_fLas personas que llenan tu vida de ahora son otras que las de antes. Y, con estas personas, eres el hombre más feliz del mundo. Y no piensas en lo que pasó, ni en lo que pasará. Bueno, miento, a veces si piensas en ello, pero enseguida respiras profundamente y te sientes orgulloso de ser tal cuál eres. De creer en lo que crees. De sentir un picor dentro. De sentir fragilidad y aparentar seguridad. De sentirte querido.

 

Siete años sin ver la luz del Sol, siete años de soledad, que hacen apreciar con más fuerza cosas sencillas para algunos, cosas desvaloradas para otros, cosas que lo son todo para mí.

 

Y hace tres meses que empezó todo, un todo que empezó sin querer y sin saber. Volver a aprenderlo todo, volver a llenar el vaso. Un vaso que tenía grietas y con besos y caricias se curaron las heridas. Heridas que todavía están allí. Pero entre heridas y amor te sientes feliz.

 

Una persona, que es importante para mí, no sabe cuánto de importante es. Y no querría describirlo, por si ahora no puedo expresar todo lo que siento y que las palabras se queden vacías. Siete años sin acelerar el corazón son muchos años, siete años sin sentir otro corazón son muchos años.

 

Vibremos y brindemos. Y que el brindis me muestre tu sonrisa y me haga vibrar. Eso quiero y lo demás no importa. Verte de día y de noche, tocarte con ternura y amor y notar como tu aliento se vuelve incontrolable. Y que dirías más de lo que sientes y sentirías más de lo que dices. Y lo prefiero así. Sentirme frágil, porque mi felicidad depende de tu amor y quiero que sea lo mismo para ti. Así que dímelo con pocas palabras y demuéstramelo sintiendo. Miénteme si es necesario, pero no dejes de quererme.

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