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Hoy ha sido un día ajetreado. La noche anterior, tocadas las doce, celebramos el cumpleaños de mi chica. La mañana empezó con nervios por una entrevista y porqué llegaba tarde.

imagesPasada una hora de entrevista, me pidieron hacer un test de concentración. Las prisas de la mañana no me había dejado desayunar nada más que un café con leche. Siete minutos de concentración a una hora tan temprana requiere mucho esfuerzo.

De vuelta a mi trabajo, empiezo a notar apetito, mucha hambre tenía. Deboro el bocadillo de las diez y media. Al rato, ya en el trabajo, el dolor que ya tenía después de salir de la entrevista se acentúa. Más tarde le acompaña dolor de estómago. Y por último calores fríos. A eso que cierro los ojos un rato y consigo recuperarme un poco.

Antes de comer debía pasar a hacer un encargo. Así que me dirijo a mi banco con la moto. Los dolores siguen allí y me alivia pensar que en breve llegaré a casa para comer.

En eso, que noto un golpe en el pecho. Mientras sigo conduciendo la moto, la molestia no desaparece. Se me cruza la idea en la cabeza que podría pasarme algo en el corazón, pues la molestia es cercana. Más tarde pienso que habrá sido una de las cuerdas de la mochila. Así que acerco la mano para averiguar de qué se trata.

Y me topo con algo que se mueve. Y noto un pinchazo. Y más tarde otro. Nervioso por el maldito mosquito y por seguir conduciendo, aplasto con fuerza el bicho. Paro la moto un momento por el dolor y me veo el pecho rojo y noto el escozor.

Al volver a coger la moto, el dolor de estómago se había ido, el dolor de cabeza aliviado y los calores se iban alejando.

El veneno de un mosquito me curó el malestar.

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