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– ¡Debemos partir Ana! – Dice Juan con tono firme.

– ¿A dónde? – Contesta Ana con sorpresa.

– Ya lo verás, pero te aseguro que te gustará. – Y Juan coge de la mano a Ana.

ViajealPasadoLos nervios en Ana crecen ante la sorpresa del viaje, mientras Juan la mira y se siente feliz. Ya en la estación, Juan pregunta “¿Dónde te gustaría ir?” y Ana dice mil sitio de forma consecutiva, a la Patagonia me encantaría ir, aún no hemos ido a hacer un safari, pero claro tú no quieres ir, Japón no debe faltar en mi mapa mundi. – Ana sigue diciendo sitios y más sitios, parece que no tiene límite su imaginación.

– ¡Nuestro tren sale en breve! – Interrumpe Juan a Ana.

La conversación locuaz e ingeniosa de Juan distrae a Ana, que ni miró el destino. Ya en el tren Ana no para de preguntar: “¿dónde vamos? ¿me lo vas a decir?” – Y, entre pregunta y pregunta, Juan consigue dormir un poco.

Cuando el tren llega a su destino, Juan tapa los ojos de Ana con un antifaz. Y sigue preguntando y preguntando, Juan la calma diciendo “es una sorpresa y como sorpresa que es no puedo decirte nada”. Salen de la estación, cargan las maletas en un taxi y Juan le da un papel al conductor, en el dice “no hable y vaya a este sitio”.

Y llegan al lugar y, aunque Ana sigue con los ojos vendados, sus labios muestran emoción, el color de sus mejillas intriga. Agarra de la mano a Juan una vez más y Juan le da un beso en los labios, que sorprende a Ana.

– ¡Llegamos amor mío! – Y Juan le quita la venda de los ojos a Ana.

La luz del lugar abre las pupilas de Ana, su sonrisa se perfila y sus ojos se emocionan no pudiendo evitar una lágrima. Ana mira a Juan, lo abraza con intensidad y le susurra algo que sólo entienden ellos dos.

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