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Cuando el trabajo te va bien, por ser competitivo.
Cuando el dinero te va bien, por ser ahorrador.
Cuando el amor te va bien, por ser un chico con suerte.
Cuando los amigos no te van bien, por ser competitivo, ahorrador y con suerte.

No se puede tener todo decían.

Este mismo fin de semana, viendo la serie “Merlí” de TV3, una reflexión que hacía el profesor a sus alumnos me hizo pensar.

Venía a decir que todos tenemos una vaquita que nos da leche. Esa vaquita nos hace relajarlos cuando la tenemos y dejamos de progresar, preguntarnos, hacer averiguaciones y arriesgarnos. Esa vaquita puede ser el trabajo, la pareja, la familia, los amigos o cualquier otra cosa. La reflexión venía a decir que debemos cambiar la vaquita de vez en cuando o que venga un sabio a quitárnosla.

En un principio, reflexioné que es mi mujer mi vaquita porque desde que estoy con ella todo ha ido a mejor, ella me hace estar a gusto, cómodo y feliz. Ella me dijo que la suya es su trabajo y hace ya más de diez años que sigue en el mismo sitio.

Al cabo de los días, sin pensar en ello, mira que es extraño el cerebro, me vino a la mente que mi vaquita no es mi mujer, sino los amigos. Me di cuenta que los necesito, seguramente más que ellos a mí. Me di cuenta que siempre he tenido muchos amigos y que siempre los he ido cambiando. Siempre ha supuesto un esfuerzo ir a buscar amigos, pero era un esfuerzo agradable, porque me divertía con ello.

Es cierto también, que darme cuenta de cuál era mi vaquita no ha sido sencillo. Hay que estar muy tranquilo, confiar mucho en uno mismo y no quererse mentir. Es por eso, que ciertas personas necesitan un sabio que les quite la vaquita.

¿Sabes cuál es tu vaquita? ¿Tienes un sabio que te quite las vaquitas?

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