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Todo empieza con una duda, que debería dar como resultado un cambio.

Ese cambio da miedo y no sé cómo conseguirlo.

Esa duda me lleva a otra duda y esta a otra… hasta que llego al punto que dudo de mí mismo. Y dudar de mí mismo, me duele muchísimo por dentro, pues después de todo lo aprendido, después de todo lo vivido, no creer en mí me hunde en la miseria.

Y me hundo, yo mismo me esclavizo, por tener demasiada consciencia y por ser demasiado sensible. Es malo ser demasiado en algo, si es en sensibilidad, se ríen de ti los que quieres que te quieran, te hace bulling.

No hay porqué contar más cosas, no hay porqué confiar en el resto de personas, no hay porqué creer en nadie más, no hay porqué contar las cosas que uno piensa, no hay porqué ayudar a nadie, no hay porqué formar a nadie ni hacerle aprender, no hay porqué cambiar a nadie ni a nada.

Siempre los mismos problemas, siempre las mismas dudas, siempre los mismos miedos.

Maldita vida, maldita gente podrida, maldita envidia.

Solo aprendemos dos o tres cosas, el resto es solo girar en círculos en un circuito de coches con el mismo coche y el mismo conductor, cometiendo los mismo errores una y otra vez, viendo los mismos paisajes, sintiendo las mismas curvas y queriendo más. No conformándonos con ser lo que somos y vivir solo nuestra vida, queriendo vivir mil años más para adelante y para atrás para conocer más. Y una vez allí, queriendo más y más.

No tenemos límite, no tenemos dudas, no tenemos miedos, solo queremos cambios.

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