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Los días pasan rápidos en Antiguom, pero no con la sensación de que uno se está diviertiendo, más bien todo lo contrario. Pero olvidemos eso ahora, que llega la tarde y, con ella, el mejor momento del día.

galaxia

– ¿Te vienes hoy, John? – Pregunta Robert con ganas.
– Naturalmente, como voy a perderme este momento …
– ¡A veces no aceptas la invitación, John! – Piensa en voz alta Robert.
Se hace un pequeño silencio …
– ¡Pero hoy si que vienes! ¡Y eso hay que celebrarlo! – Prosigue Robert.
– Eres un gran amigo, Robert … y eso también hay que celebrarlo. – Concluye John.

Ambos amigos se acercan a la mesa, con alguna que otra magulladura, y se sientan a esperar al resto. Mientras, miran entre sus monedas y dan cuenta que podrán tomar el brebaje hoy. Es principios de mes y ya han cobrado. Tienen ya calculado que, con su sueldo, pueden venir a la posada uno de cada dos días. John piensa en una reflexión que le hizo su padre un día: “La ausencia da valor a la existencia”.

Se oyen unos gritos y se ven trotar unos cuerpos hacia ellos. Son Zodiac y Soffie, dos grandes amigos que se encuentran en otra Zona y a los cuáles pueden ver únicamente en estos encuentros. Anteriormente, fueron muchas las aventuras que vivieron juntos, incluso llegaron a sentir la libertad en sus propias carnes peludas.

– ¿Lo de siempre, chicos? – Llega el camarero con cuatro guablas.
– ¡Cómo lo sabes! ¡Te voy a llamar el señor de las guablas! ¡Incluso me das más placer que las mujeres! – grita salivando Zodiac.

Las cuatro bestias agarran las jarras y brindan por ser libres algún día.

John les hace un gesto, para que se acerquen y pueda hablarles en susurros.

– Sé que me tomaréis por loco, incluso puede que penséis que perdimos nuestra oportunidad, pero quiero deciros que “tengo un nuevo plan” … – Susurra John.
– Soffie lo mira y contesta – Pero John, somos felices ahora, ¿para qué seguir luchando? Además estamos viejos ya …
– ¡Pero aún podemos, Soffie! ¡Sé que podemos con ellos! ¡Yo confío en vosotros! – Y el brillo de los ojos de John de antaño cautiva por unos instantes a sus amigos.
– ¡Sí, John! ¡Guíanos! ¡Te seguiré por toda la Galaxia! – Grita con ira Zodiac, el antiguo Mago del Tiempo.
– ¡Para Zodiac! – Alerta Soffie – ¡No juegues a ese juego, que siempre acabas perdiendo y nos haces perder al resto!
– ¡Cuenta John, te escuchamos! – Razona Robert, atisbando una posible victoria.
– ¡Tú no, Robert! Así no. – Dice Soffie, cruzando los brazos y alejándose del resto.
John los mira uno a uno y prosigue.
– ¡Esta noche conectad la audiofrecuencia 123 y dejaos llevar por la música!

A la mañana siguiente, los cuatro amigos se encuentran en los campos de trabajo.

Movimiento repetitivos, levantar un brazo, girar la cabeza, golpear en un lugar, retroceder la pierna y a repetirlo todo. La constancia los acecha durante el día, es por eso que a John le gusta considerarse como un vámpiro, ya que es cuando se va el Sol cuando es feliz. Dicen algunos que “el trabajo dignifica”, esos son los más manipulados. Dicen otros que “el trabajo os hará libres”, esos son los más manipuladores. John está deacuerdo con todo el mundo, no quiere despertar interés ni en la envidia ni en la competencia.

Ahora es justo la mitad del día, el momento de mayor brillo del Sol. Años y años de estudios científicos de los antiguos Silions, demostraron que en la mitad del día es cuando los Gorgs son más fuertes. Así que los cascos de control mental y la música generadora de ilusiones trabaja a máxima potencia. Los Gorgs trabajan un 500% más durante estos momentos. Los Silions se hacen ricos con su sabiduría y los Gorgs demuestran a sus amos que son los más fuertes.

Exhaustos, los Gorgs llegan a la hora de comer. Ingieren nutrientes generados de forma artificial como bestias que son, para acabar el día con un rendimiento óptimo.

Acabada la jornada de trabajo, los cuatro amigos se sienten fuertes como nunca antes, podrían incluso trabajar una jornada más ahora mismo.

John se acerca a ellos.

– ¿Sentís el fuego? – Les pregunta a sus amigos.
– ¡Sí John! – Contesta Robert – Mi cuerpo arde, mi mente descansa y mis ojos odian de nuevo.
– Me agrada oír eso, viejo amigo. ¡Estamos recuperando nuestras virtudes! – Contesta John con una mirada que oculta algo.
– ¿Porqué John? ¿Qué ha cambiado? – Pregunta Soffie.
– ¡No olvidéis poner la audiofrecuencia 123 esta noche! – Se despide John de sus amigos.

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