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Me desperté contrariado, sin saber muy bien si estaba durmiendo o despierto. Y lo peor aún, si aquéllo que acababan de ver mis ojos todavía existía.

Ocho horas antes…

Acabé de cenar algo ligero, no me encontraba muy bien, me puse a dormir. La cabeza me daba vueltas y no había bebido, el corazón me palpitaba rápido y estaba estirado, las manos me temblaban y no sentía nervios.

A la mañana siguiente todo habría cambiado, pensé “cuánto deseamos los cambios”. Estaba aburrido de hacer lo mismo cada día y esperaba que comenzar esa nueva aventura supondría aquéllo que ansías durante años.

Ya era mañana…

Abrí los ojos como los abre un bebé por primera vez, como descubre un niño los compañeros en su primer día de colegio. Los colores eran muy vivos y brillantes, todo se veía en un mismo plano y se desplazaba en horizontal. Todo era intenso, tanto lo que era alegre, como lo triste, como lo violento, como lo sereno. Nada ni nadie mentía y todo crecía a su ritmo chocando en una paleta de colores del pintor de la vida.

Me acerqué a esa acuarela y salté sobre ella, vi pasar todos mis sueños dibujados en el aire y como se mezclaban con el resto del cuadro. Sin yo quererlo, ya había compartido mis virtudes y flaquezas y me invitaban a bailar entre amigos, me invitaban a hablar de mis sentimientos, me besaban y me miraban con picardía.

Estaba tan lleno de felicidad, que al fin la estaba descubriendo, recordaba como hasta entonces la vida era diferente, pensé “otros siguen allí” y continué bailando y dándome cuenta que no podía saberlo todo, solo podía disfrutar del momento.

Las pinturas olían a flores de diferentes colores, agarré una caja en el aula que se deshizo en agua, sobre la que surfeé en medio del océano, al saltar me monté sobre mi primera bicicleta sin ruedas, al girar sobre mí era bloqueado en la final del campeonato de rugby habiendo cruzado la línea, al alzar los brazos sostenía mi sobrina de tres años el día de su cumpleaños, al abrazarla me encontraba abrazando a mi mujer, que mordía en el cuello y volvía a ese colegio quitando el tapón al bolígrafo en clase de matemáticas para resolver ese problema tant peculiar.

Y llegaba la noche y mis ojos se iban cerrando ya cansados.

Y al despertar ya era la mañana siguiente… y pensé “soñar es gratis y la vida es un sueño tras otro”. Ahora que ya es mañana voy a imaginar lo imposible y hacer realidad mis sueños. ¿Os venís?

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